El poblamiento romano

La conquista de Hispania por Roma trajo consigo la romanización, un  nuevo modelo de  organización y administración de las estructuras políticas, sociales y económicas del mundo ibérico.

Tras el abandono del poblado de Los Castillejos (siglo I a. C.), el período romano en Montefrío se caracteriza por un poblamiento rural disperso. Aproximadamente a partir del siglo I. d. C. empiezan a construirse una serie de villas o villae (El Caracol, Curro Lucena, cortijo de la Cruz de Marcos, La Orozca o Los Ramírez), dependientes de la ciudad romana de Calécula (Íllora) y que serían abandonadas entre los siglos IV-V d. C.

Las villas son asentamientos que, ubicados en el medio rural o en las inmediaciones de las ciudades, se vincularon con la explotación económica de recursos agrícolas y ganaderos. En la parte urbana residían los dueños. Las partes rústica y fructuaria albergaban las zonas de los esclavos y de animales, junto a espacios destinados a la elaboración, conservación y almacenamiento de los productos del campo, como despensas, lagar, molino de cereal y prensa de aceite.